El Sur ya no existe, al menos el Sur que yo amaba, ese sur que yo soñaba todo el año y que cuando llegaban las vacaciones me daba la oportunidad de usar mi parca y mi gorro en pleno verano, ese Sur, ya no existe. Ahora el sol lo inunda todo y pasear por el Calle Calle bajo los rayos hirientes de esa estrella de día claro no es placentero, al menos para mí que amo la lluvia y las nubes grises que acompañaban mis reflexiones y escritos a orillas de ese Calle Calle o camino a Pargua con destino Quellón.
¿Será que el reggaetón calentó en demasía la calle Picarte y el mercado fluvial?
¿Será que el Caleuche ardió de ira al enterarse del Transantiago?
¿Será que los alemanes dejaron encendida la calefacción pa joderle el verano a los Bachelistas?
¿Será que después de tanto Taller de Emprendimiento, la lluvia decidió emprender el vuelo?
O simplemente es, que como decía el poéta independiente de izquierda,
Cambia todo cambia?
A lo mejor es eso. Cambia todo cambia.
A lo mejor el Sur se decidió a innovar, y si Estados Unidos está cambiando a Bush por un negro o una mujer bien puede el Sur cambiar las nubes por el ardiente sol y dejar la lluvia para cuando sea mayor.
Entonces no hay vuelta debo cambiar. Disfrutar el Calle Calle bajo el tremendo e implacable sol, caminar alegremente por la calle Picarte obviando mi sudor y sobre todo continuar creyendo que el Transantiago no sólo puede sino que debe mejorar.
AMÉN.




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